LA TERCERA REVOLUCIÓN:
Parecen cumplirse los pronósticos de quienes afirman que, en México, cada cien años hay una revolución. En 1810 se inició la guerra de independencia, que se prolongó hasta 1921. Y exactamente un siglo después, en 1910, con la proclama libertaria, antirreeleccionista y democrática de Francisco I. Madero, estalló la revolución mexicana, el movimiento social más importante del siglo XX, que transformó a la nación en el Estado moderno que es ahora.
Cuando no se vislumbraba ningún barrunto de rebelión, pese a las traiciones y retrocesos de las políticas sociales llevada a cabo por los gobiernos emanados de dos de los partidos más importantes del país, los grupos dedicados al narcotráfico iniciaron una guerra fratricida en la cual se lucha intensamente, metro a metro, en los territorios de Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León, Sinaloa, Durango, Sonora, Baja California, Sinaloa, Michoacán, Guerrero, Tabasco, el estado de México o Guanajuato. Y, con menor intensidad, en el resto de los estados.
Para lograr este avance bélico, hasta casi completar el mapa de la república, la delincuencia organizada ha contado con la complicidad o el disimulo de las autoridades; gobiernos de los tres órdenes que se concentran en perseguir, con poco éxito a los criminales, mientras descuidan lo más elemental: prevenir la comisión de ilícitos y garantizar a los ciudadanos el imperio de la ley, es decir, la salvaguarda de la vida y los bienes de las familias.
Por la extensión territorial y el número de habitantes de esos territorios donde ocurren los intensos enfrentamientos de los sicarios con las fuerzas armadas, diferentes voceros del gobierno de los Estados Unidos han terminado por calificar de narcoguerrilla a los cárteles combatientes, lo que significa que esas acciones beligerantes que agobian a los mexicanos, por lógica, forman parte de una narcoinsurgencia.
Al no tener el gobierno federal, los gobiernos estatales ni los municipales el control absoluto de territorios tan extensos que cubren las entidades federativas más importantes, alguien podría afirmar que esta lucha fratricida es, en realidad, una narcorrevolución.
Como mexicanos, no deseamos que esto realmente suceda, pero en la medida que el Estado mexicano no pueda garantizar la paz social ni restablecer el imperio de la ley, las afirmaciones oficiales de que esta lucha armada no existe, caen por tierra.
¡Qué vergüenza, pues, que la tercera gran revuelta nacional sea encabezada por quienes enarbolan la causa del narcotráfico! Sin embargo, esto sólo es consecuencia de los gobiernos anteriores que, primero, permitieron y después pactaron con los cárteles. A tal grado que, en la actualidad, el gobierno ha sido prácticamente rebasado, económica y militarmente, por la criminalidad organizada.
REVOLUCIÓN TRAICIONADA:
Triste fue el fin de semana largo con el que se adelantó la celebración del 20 de noviembre, aniversario del inicio de la revolución mexicana. El domingo pasado, la ciudad de México, capital del país y, por su importancia política, verdadero escaparate nacional, fue literalmente tomada por miles y miles de ciudadanos agrupados en diferentes organizaciones sociales.
Entre los manifestantes destacaron los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, los electricistas del SME, los antorchistas, contingentes de campesinos, amas de casa y paracaidistas, en fin, movimientos urbanos emergentes y grupos políticos identificados con la oposición.
Los motivos de estas protestas son de sobra conocidos: el desempleo, la enorme crisis económica, los salarios insuficientes, la inseguridad, la falta de fuentes de trabajo, las nulas oportunidades para los jóvenes (que por eso mismo siguen ingresando al narcotráfico a falta de otras expectativas en la vida cotidiana), la carencia de vivienda, las onerosas contribuciones, etcétera, etcétera.
En pocas palabras, la gente salió a las calles para reclamar que a cien años del levantamiento armado de Madero, los grandes objetivos de la revolución mexicana nunca se cumplieron, los abandonaron y ésa, ninguna otra, es la causa de que el país viva la peor crisis social de su historia.
POLÍTICA ANTIOBRERA:
Muy caro, carísimo, le está saliendo al gobierno de la república y naturalmente al pueblo, que es quien paga los impuestos, el cese infamante de los miembros del Sindicato Mexicano de Electricistas.
A diario nos enteramos de los terribles incendios y apagones, originados por cortocircuitos que se están dando en la ciudad de México, una de las urbes más complejas del mundo, cuya red eléctrica es igualmente complicada.
Los trabajadores del SME fueron tomados como chivos expiatorios de todas las sinvergüenzadas que cometieron los funcionarios de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, cuyos directores fueron nombrados personalmente por el presidente de la república en turno.
Como si sobrara dinero, al liquidar la empresa despidieron a los trabajadores, los únicos que conocían la red eléctrica del Distrito Federal y tenían la experiencia profesional necesaria, para ser sustituidos por gente improvisada que está demostrando su incapacidad ante los constantes incendios por fallas del sistema eléctrico capitalino, una red que, precisamente, desconocen los esquiroles.
Esta arbitraria medida de suplantar a los verdaderos electricistas es parte de la política antiobrera que se puso en práctica contra un sindicato independiente, no corporativo, para escarmiento del movimiento obrero en general: para que los demás trabajadores no piensen sustraerse al control político con el que están sometidos casi todos los sindicatos del país.
CRISIS UNIVERSITARIA:
La Universidad Autónoma de Ciudad Juárez se encuentra inmersa en un grave problema: más de 600 dirigentes estudiantiles se ampararon ante el temor de ser reprimidos por el gobierno del estado de Chihuahua que, con toda claridad, pretende entrometerse en la sucesión rectoral, violando así la ley orgánica de la citada institución educativa.
Al mirar lo que pasa en esa casa de estudios, debemos considerar que, de seguir las cosas tan complicadas en el país, podría surgir un gran movimiento estudiantil, uno donde los jóvenes universitarios reconstruyan sus organizaciones y manifiesten, valiente y públicamente, la reivindicación de la educación pública, además de enarbolar otras banderas sociales, en apoyo de los muchos sectores precarios y de organizaciones golpeadas, marginadas e ignoradas, tanto por los partidos políticos como por los gobernantes.
No olvidemos que, en 1968, los movimientos estudiantiles en México fueron una extensión de los movimientos juveniles que se iniciaron en países europeos, y que tuvieron su máxima representación en los estudiantes franceses. En la actualidad, ya ha habido grandes movilizaciones de jóvenes en Italia, Francia y Alemania, en Argentina, Venezuela y Chile, así como en otras naciones.
No nos extrañe que en México las nuevas generaciones rebasen a los líderes de las pocas organizaciones estudiantiles que existen en el país, muchas de las cuales están anquilosadas por la falta de principios y de conciencia social en sus seudodirigentes.
LOS MARCIANOS LLEGARON YA:
El comentario de la semana se centró en la desafortunada "conferencia magistral" sobre Exopolítica, que se llevó a cabo en el Paraninfo de nuestra alma máter, con la concurrencia de destacadas personalidades de la política local, y de los altos funcionarios encargados de promover la ciencia y la tecnología en la entidad.
El conferenciante hizo afirmaciones temerarias que llenaron de estupor no solamente a los científicos de la Universidad de Colima, sino a miles de profesionistas egresados de la propia UdeC, del Tecnológico de Colima y de otras universidades del país, lo mismo que a todos aquellos ciudadanos que gozan de sentido común y un buen nivel cultural.
Resulta que el ponente presentó un censo actualizado del número de marcianitos que viven bajo la superficie de ese planeta. Y la descripción que hizo de ellos nos recordó a los personajes imaginarios de las historietas de ciencia ficción, aquellos humanoides que, por falta de luz, presentan una coloración verde en la piel, y tienen las orejas y la nariz como embudo de trompeta.
El planeta Marte ha sido fotografiado completamente, desde el espacio y a ras de suelo. Jamás se han encontrado vestigios de vida, porque para sostenerla haría falta un elemento vital para los organismos: el oxígeno.
Con esa última lista obtenida del "INEGI marciano", que contabiliza a 600 ciudadanos en un planeta que ocupa la órbita siguiente a la de la Tierra, el señor conferenciante mejor debería dedicarse a promover viajes a Marte, como ya los está ofreciendo una empresa de Estados Unidos.
Lo que no dijo el “experto” es qué tipo de gobierno tiene Marte: si es una república o una monarquía. Tampoco se refirió a su alimentación, ni a su arsenal tecnológico e industrial, o las bases de su economía. No nos dijo si los marcianos son semejantes al hombre de la tierra, aunque también sería bueno conocer su ganadería y los cultivos de los que se alimentan. Por lo demás, se desconoce si son mercaderes y tienen tratados de libre comercio con otros planetas.
Lo más interesante de las declaraciones de este señor, fue la propuesta de firmar un convenio con la Universidad de Colima y otro con el magisterio colimense para incluir en los planes de estudio la materia de Exopolítica, tan necesaria para que, cuando nos visiten los compas marcianos, no nos agarren desprevenidos.
Por último, sería importante que alguien nos dijera a cargo de quién corrieron los honorarios de tan ilustre visitante.
PARTIDOS SON PARA LA POLÍTICA:
Se ha ventilado públicamente que el impopular cobro del Derecho al Alumbrado Público, es un cuestionamiento político de la oposición. Efectivamente, el tema del DAP es un asunto totalmente político, porque todas las acciones que realizan los gobernantes, y que afecten o beneficien al pueblo, son de interés político.
Por eso las políticas públicas se refieren a todas las actividades que realizan los gobernantes. Y pueden ser objeto no solamente de la aplicación sino también de la discusión pública, a cargo de los ciudadanos y de los partidos políticos, organismos que precisamente fueron creados para ocuparse de esos asuntos.
Sería bueno que los señores y las señoras que se dedican a la política, supieran que, por eso, son políticos en ejercicio. Es imprescindible que los asesoren y les expliquen cuál es la esfera de la vida privada de los individuos que integran la comunidad, y cuáles son los asuntos que corresponden a la vida política de una sociedad.
De este modo, los ciudadanos que apoyan o repudian una ley, una medida o cualquier asunto que emane del poder público, a través de sus funcionarios (de esos hombres públicos o políticos, como les gusta que se les llame), y que afecten a los ciudadanos, es una postura política y el ejercicio de un derecho ciudadano.
Ahora que si no quieren que los partidos políticos de oposición hagan política y traten los asuntos políticos, entonces habrá que reformar la Constitución para que éstos desaparezcan de la vida democrática del país, o les encarguen otras funciones: comerciales, asistenciales, educativas, cualquiera menos la acción política.